La delgada línea del destino del presidente Rodriguez Zapatero
La historia recuerda la existencia de países tenaces y oprimidos en cuya sintonía pública resaltan personajes mayoritariamente admirados por su valor, por su ideal y por su astucia.
Claro que el tiempo y el tesón de algunos, muy pocos, consiguieron demostrar que tales virtudes, en algunos casos, no eran más que una imagen falsa de la realidad que proyectaba: Fergus Kilpatrick en los comienzos del siglo XIX, en Irlanda, era adalid de la rebelión, bandera de ideales y llama de inocentes seguidores. Cuando murió, conscientemente asesinado para redimir su pena de conspirador, lo hizo sabiendo que el peso de la traición pasa siempre factura.
Los tiempos cambian, los escenarios también pero el factor human es el mismo. Los intereses, las vanidades y el sectarismo son hoy partes del mismo cóctel. Como decía JL Borges “que la historia copie a la historia, ya es pasmoso, pero que la historia copie a la literatura, es francamente penoso”. El escenario al que asistimos casi atónitos los españoles del comienzo de siglo XXI, los protagonistas de esta obra de trágico final y los autores de esta tragicomedia se reflejan otra vez en espejos borrosos de la historia, y la literatura, y tropiezan por segunda y tercera vez en la misma piedra de la historia y de la ficción.
El presidente Rodriguez Zapatero, a la cabeza de su grupo político, el PSOE, y del Gobierno de España no necesitaba repetir ningún capítulo de ninguna tenebrosa historia repleta de conjuras y mentiras, de las que la literatura nos ha presentado tantas versiones. Por eso tiene más delito por su parte, y más dolor por la nuestra, la de sus ciudadanos; la de todos los españoles. Lo ha tenido más fácil que cualquier triste protagonista del pasado y, lo que es peor, también hay numerosos ejemplos que, por el contrario de sus ideas, han triunfado y han dado a la ciudadanía el espíritu de tranquilidad que añora y el ejemplo de que es más fácil hacer bien las cosas que hacerlas mal.
Pero no. El presidente Rodriguez Zapatero ha preferido, guiado por su exclusivo sectarismo, cambiar de sentido lógico y físico, seguir malos consejos y romper los lazos con el grupo político, el Partido Popular, con el que había comenzado un camino seguro, sin más altibajos que el de los estertores de los últimos terroristas de ETA, por este otro tortuoso e inseguro camino de la claudicación, que se sabe como empieza y no se sabe cómo acaba
Presidente Rodriguez, se dice que la línea entre las casualidades y el destino es tan fina que se confunden. Desde aquí le pedimos que vuelva a la senda del derecho, de la justicia y de la dignidad. Si no su destino, y lo que es peor, el de su ciudadanía, que le acusará de traición y le hará pasar a la historia como otro Fernando VII cualquiera, será una casualidad que no se merece.
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